Últimamente la palabra “negociar” va de boca en boca. Es como si hasta este momento no hubiéramos sabido las posibilidades que tal palabra prometía. Será que nos hemos hecho modernos de golpe y la política nos exige ahora ponernos a la altura de las democracias experimentadas. En otros sectores la negociación es algo habitual y se hace con regularidad y soltura. Pero para entender este concepto que a algunos les resulta exótico, comencemos a analizarlo. Vayamos por partes.

¿Qué es negociar?
Es un proceso por el cual las partes interesadas resuelven un conflicto. También es el proceso mediante el cual, se acuerda qué líneas de conducta se van a mantener. Todo ello se hace con la idea de encontrar ventajas individuales o colectivas para los mutuos intereses.

Sí, han leído bien: para los mutuos intereses, no para sólo los míos. Porque negociar es solucionar un conflicto, no acentuarlo. Si no se es capaz de llevar a cabo una negociación exitosa, será porque no se están utilizando los interlocutores adecuados o porque las exigencias son exageradas, porque todo puede negociarse, sólo es necesario talento. Quizás este sea el principal problema: la ausencia de él.

Hay un ejemplo de negociador en  la cultura popular muy famoso: el ínclito Don Vito Corleone alias El Padrino, espejo de corrupciones e ilegalidades mafiosas, pero poseedor de un innato poder de convicción y de capacidad negociadora. En 2007 se publicó un libro sobre las ideas que se pueden observar en la filosofía vital del personaje cuando se trata de negociar. Quedémonos con eso solamente, por favor, con sus ideas primarias de como realizar una negociación, ideas básicas que parten de la filosofía popular más elemental. Digo que nos quedemos sólo con esto porque de sus ideas de como pervertir la sociedad para beneficio propio ya hemos tenido demasiado avezados alumnos corruptos en las últimas décadas.

padrino democracy

Guillermo de Haro en su libro Lecciones de Estrategia con El Padrino, propone unos puntos que hemos desarrollado.

  1. Ten claridad en los objetivos. Parece el consejo más elemental, ¿verdad? Pues no lo es. Hay quien se sienta a negociar y no tiene claro qué finalidad persigue, porque la de “el poder absoluto” no se contempla. Señores: estamos en democracia. Así que la finalidad ha de ser realista y asumible. Esto es la vida real y debemos seriedad a los ciudadanos, a todos ellos en bloque, no sólo a nuestros votantes. Así que comencemos pidiendo cosas factibles, no entelequias que nos será negadas por absurdas desde el minuto uno.
  2. Ten cuidado con lo que deseas. Parece una cita sacada del templo de Delfos, o de algún otro lugar místico donde se advierte del peligro de “ver cumplidas tus expectativas”. Desear es necesario e interesante, pero en ocasiones la negación de tus deseos es positiva porque estos eran desproporcionados y nadie se atrevía a decírtelo, ha tenido que venir la realidad a darte la bofetada de tu vida.
  3. Aprende a ceder.  Representas a tus votantes, pero vivimos en sociedad y cuando gobiernes gobernarás para todos, no sólo “para los tuyos”, observa, escucha y cede propuestas del contrario: si ha llegado a la mesa de negociación es porque también tiene detrás muchas personas que lo apoyan. Es democracia y ha de pensarse en el bien mayor, no sólo en el interés propio, así que dejemos de mirarnos el ombligo y creer que sólo la verdad está de nuestro lado. Analiza tus pretensiones y haz el esfuerzo de descartar algunas, para demostrar que sabes jugar al complicado juego democrático y no al sencillo juego totalitario. Preséntate a la próxima negociación menos exigente, no reclames acuerdos de máximos, pretende alcanzar acuerdos de mínimos y que tus líneas rojas sean intocables. Jamás una negociación se conseguirá partiendo de acuerdos de máximos. Si no lo haces así es que quizás, en el fondo de tu alma, no deseas llegar a un acuerdo.
  4. Para evitar estas situaciones: busca a un consejero. Repito: un consejero, no un pelota lameculos que diga sí a cualquiera idea absurda que proponga el líder. El consejero en ocasiones podrá hacer enfadar al aconsejado, pero porque un buen consigliere aconseja por el bien de la familia (política) no en beneficio propio.
  5. Un buen consejero lo primero que te dirá es: no odies a tus adversarios, porque el odio te nublará la razón. Y sin razón no hay negociación posible. Abre tu mente y si quieres ser respetado comienza a respetar a tu oponente.
  6. No se trata de hacer amigos ni enemigos, acéptalo o vete a casa.  Así que ponte a la altura del momento histórico en que nos hayamos y cumple con la sociedad haciendo un buen pacto, no aplastando al contrario. Si has llegado hasta aquí y crees que pactar sólo es conseguir lo que yo quiero caiga quien caiga quizás no deberías formar parte del juego democrático. La cabeza siempre fría y las ideas prestas, porque recordemos que: “No es nada personal, sólo son negocios”, o más bien esta otra famosa máxima utilizada en la campaña electoral de Bill Clinton en 1992 que comenzó refiriéndose a la economía pero se ha adaptado a diferentes conceptos: It’s the politics, stupid! (“¡Es la política, estúpido!”)

Así que señores y señoras, si desean solucionar los problemas de nuestro municipio con eficiencia, comiencen dando el ejemplo de solucionar los suyos propios con altura democrática y fair play. Si no, quizás deberíamos buscar a otros representantes. It’s democracy, stupid!

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