Corrupción es una palabra vieja. De tan vieja y manida ha perdido parte de su carga negativa.  Anda de boca en boca, de tertulia en tertulia, de tan común y usual que es ha perdido su verdadero significado.

“En latín corrupción significa “hacer pedazos” algo, al igual que el cuerpo se corrompe y se descompone tras la muerte, un sistema social también puede llegar a hacerlo si los gusanos se apoderan de su esencia.”

Los gusanos de la sociedad son esos seres que sacan provecho propio descomponiendo sin miramientos un cuerpo social que es de todos. Lentamente mastican sus entrañas desde sus cómodas posiciones en la administración y van poco a poco corroyendolo. ¿un amigo necesita que le modifique una ley? ¿un empresario quiere que le recalifique un terreno? ¿hay que amañar un concurso público? ¿hay que contratar asesores inútiles a costa de los impuestos de los ciudadanos? Eso es corrupción.  Cada pregunta es una nueva dentellada, una muesca a soberanía de la ciudadanía que estupefacta comprueba como desciende su cuenta corriente mientras sube la corrupción. Cuando modificas una ley para favorecer intereses concretos,  estas finiquitando el sistema.  Cuando amañas un concurso público para dárselo a un amigo, te estás corrompiendo tú y tu amigo. Cuando contratas asesores de poca utilidad a modo de barra libre, estás hundiendo el presupuesto del municipio. Cuando recalificas terrenos de forma ilegal estás dinamitando la economía local al beneficiar a unos frente a otros. Todos podemos y debemos denunciar estos abusos: el ciudadano que lo sabe, el funcionario que lo tramita o el vecino que lo sufre.

Todos podemos ser héroes,  hablar en voz alta. Denunciar. Estamos en un punto en el cual hemos de decidir donde queremos ir: recomponemos la sociedad hecha pedazos o nos recreamos en su descomposición como parásitos deglutidores de podredumbre. Decide. Es sencillo.

Decomposition_stages[1]

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