Desde Rocafort Tribune consideramos interesante este texto de Víctor Lapuente Giné llamado: Por qué la corrupción no se castiga. En él, Víctor Lapuente Giné hace todo un ensayo sobre las consecuencias de la corrupción, algo que a día de hoy es de interés público. Para su difusión y conocimiento les colocamos un extracto.

La tolerancia hacia la corrupción nos sorprende como ciudadanos, pero, a nivel académico, han sido muchos los autores que han señalado la tolerancia hacia la corrupción como una suerte de estado natural. Por un lado, la corrupción es vista como una actividad impopular en todo el mundo, y la prueba de ello es que, como se suele apuntar, “el sobre va siempre por debajo de la mesa”. No importa si eres nigeriano, norteamericano o danés: si quieres obtener un favor ilegal, siempre pasarás el sobre por debajo de la mesa. Es decir, las partes implicadas en una transacción corrupta, independientemente del entorno cultural, entienden que se trata de algo moralmente (además de legalmente) incorrecto. Pero, por otro lado, existe la percepción (y, en ocasiones, también la evidencia empírica) de que los políticos corruptos resultan populares en muchos sistemas políticos. Existen políticos sospechosos, procesados e incluso sentenciados por corrupción que presentan una gran habilidad para sobrevivir en sus cargos, siendo capaces de ganar en contiendas electorales limpias.

Un factor que podría explicar la tolerancia hacia la corrupción sería la habilidad que tienen los políticos involucrados en escándalos de corrupción para movilizar recursos y apoyos. En algunas ocasiones, son apoyos tácitos, pero, en otras, son apoyos explícitos de partes significativas de la ciudadanía, como, por ejemplo, los “baños de masas” que han gozado algunos políticos españoles envueltos en casos de corrupción. La pregunta es por qué un político español, a diferencia de uno danés o alemán, tiene esta capacidad para movilizar apoyos –transformables en buenos resultados electorales, al haber vendido exitosamente la idea que el político no es culpable, sino víctima de un contubernio en su contra–. Una respuesta tentativa es que los políticos españoles disfrutan de un mayor número de “simpatizantes directos”, es decir, personas que simpatizan con el político y cuyo medio de vida (por ejemplo, su sueldo) depende de que ese político continúe en su puesto. Ello es posible por una alta permeabilidad de las estructuras administrativas españolas –sobre todo, a nivel autonómico y local– a la influencia de los políticos a la hora de hacer nombramientos, ceses y promociones. Ha habido algún político involucrado en casos de corrupción en España que ha señalado explícitamente que lo que le garantiza la reelección, sin importar lo que haga, es que ha “colocado” a un número incontable de personas en la administración y paraadministración, lo que se traduce en “votos seguros”.

¿Y qué opinan ustedes?

*Por qué la corrupción no se castiga. Víctor Lapuente Giné, The Quality of Government, Institute University of Gothenburg.
http://www.falternativas.org/laboratory/libros-e-informes/politica-comparada/por-que-la-corrupcion-no-se-castiga

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